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Cómo tratar el estrés

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El estrés es una parte natural de nuestras vidas. Es algo que todos experimentados y necesitamos experimentar, igual que necesitamos conocer y sentir la tristeza para poder apreciar la felicidad. La vida es una aventura de altos y bajos, subidas y bajadas. Las cosas no son siempre buenas o siempre malas sino una mezcla de ambas: a menos que experimentemos una de ellas, la otra no tiene significado.

Hacer frente a la vida es muy importante para nosotros, por tanto, necesitamos vernos “enfrentándonos” eficaces, capaces de lograr nuestros objetivos, seguros de nuestra auto-estima y con derecho a la felicidad. Cuando nos enfrentamos a la vida, nos va bien, pero si percibimos que no estamos haciéndole frente, nos sentimos atemorizados y amenazados, nuestra autoestima puede comenzar a desmoronarse provocando más estrés emocional, infelicidad e incluso enfermedades. El estrés descontrolado puede también llevar a un aumento de los acúfenos.

El estrés no puede evitarse pero se puede reconocer, evaluar y controlar más de lo que él puede controlarnos a nosotros.

Las emociones y las percepciones son dos fuerzas muy poderosas en nuestras vidas. Las emociones son experiencias personales únicas. Todos experimentamos felicidad, tristeza, ira, temor, amor… de una forma personal.

La percepción como nos vemos a nosotros mismos y al mundo a nuestro alrededor – es también muy personal.

Como hacemos frente y reaccionamos antes estas emociones y percepciones contribuye en gran medida a la calidad de nuestras vidas.

Después de haber reconocido las fuerzas de la emoción y de la percepción, necesitamos pensar más en ellas. ¿Contribuyen nuestras emociones y percepciones positivamente a nuestro completo bienestar o no? Si no es así, ¿es posible solucionar esto?, ¿es posible controlar las emociones y las percepciones?

Re-evaluarnos es posible, pero no es fácil. Debemos distanciarnos, sumando todo positivo de nuestras personalidades y de nuestras vidas y utilizar este pensamiento plenamente, al mismo tiempo que reconocemos nuestras debilidades. Al reconocer y aceptar tanto nuestras debilidades, nos aceptamos como una totalidad

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